[Historias del Turf] 19-09-2007 Fuente: FJ
"DOS CARRERAS Y UN INCENDIO"
Dión, Marcial, vamos a acomodarnos en la ladera, mirando a las ruinas del Palacio imperial del Palatino. A la altura de la estatua de Mazzini estaremos bien. Reuníos con nosotros cuando llegue Charlton Heston.
Este valle donde estuvo el circo más grande que haya existido y que hoy es adecuado para pasear, o reflexionar, durante siglos fue mi lugar más agitado. El valle se llama de Murtia porque hubo un tiempo en que estas laderas estaban cubiertas de mirtilos. Daban una buena cosecha de arándanos cuando llegaba la primavera y, mucho antes de que oyera hablar de Rómulo y Remo, la primavera atraía aquí a MIS PRIMEROS HABITANTES, campesinos que ofrecían sus nuevos frutos al viejo dios Conso, encargado de velar por el trigo. Los burros de aquellos campesinos que competían sobre la calidad de sus animales, fueron los primeros cuadrúpedos que corrieron por el valle. Entonces los burros no solo eran apreciados por su resistencia, también por una historia llegada con viajeros del Peloponeso que contaba como un asno había mordido los sarmientos de una parra que, en su momento, dio frutos más hermosos y así nació la costumbre de podar las cepas. El asno fue un animal que participó en la invención del vino y eso siempre ha sido aquí una buena referencia.
Hace unos 2.500 años el quinto de mis reyes, Tarquinio Prisco, mandó arreglar una zona del valle y la dedicó en exclusiva a juegos, carreras y ceremonias, estaba convencido de haber elegido el lugar donde los antiguos habían raptado a las muchachas Sabinas para hacerlas madres de un pueblo nuevo.
Tarquinio Prisco se dio cuenta de como había cambiado el valle. Los caballos habían ido sustituyendo a los burros y la emoción de las carreras concentraba mucho más el interés que las oportunidades en los tenderetes. Claro que a esas alturas de mi existencia ya sabía lo que era una pista de carreras, había oído hablar de los hipódromos griegos, pero Grecia dedicaba más espacio a los atletas que a los espectadores, mientras que yo me concentré en el espectáculo. Aquí llegué a reunir casi a trescientas mil personas. Sólo en algunas grandes batallas podían oírse tantas gargantas gritando al unísono y es difícil que lo imagines porque ninguno de los estadios actuales puede compararse. La multitud hacía pensar en los mugidos del mar en furia y la explosión del grito unánime del circo hacía vibrar las vísceras de tal forma que hasta los sordos lo sentían en su interior.
Aún hoy adoro la competición antes que cualquier otra cosa, y la fama de tramposos que cuelga a veces de mis deportistas me parece injusta porque el espectáculo del triunfo lo justifica todo. La ética es cosa de griegos y ni siquiera ellos la convirtieron en diosa.
El tamaño que imaginas por las ruinas es de unos 600 metros de largo por 200 de ancho. Corresponde a los tiempos de Trajano. En aquel siglo II los juegos ya eran casi una sesión continua. El número de carreras diarias había ido aumentando a medida que se sucedían los distintos reinados. Con Augusto aún no celebrábamos más de doce carreras diarias; con Calígula se elevó a 37 y con los Flavios a 100. Para cuando le tocó a Domiciano, preocupado porque llegara a resultar imposible finalizar antes del anochecer, redujo de 7 a 5 las vueltas de cada carrera. Con el tiempo dedicado a los juegos ocurrió lo mismo y los antiguos "ludi" de un sólo día resultaban inconcebibles cuando incluso los de 9 días habían sido sustituidos por juegos que no se detenían durante 15 jornadas consecutivas.
Ver una carrera en el Máximo era el objetivo principal de cualquier recién llegado como tú, desde alguna provincia.
Las colas empezaron a formarse por la noche porque solo unos pocos disponen de "loca" reservada y hay buen cartel. Corre un "miliarit", uno de esos aurígas que ha ganado más de mil carreras. Los adivinos y los astrólogos hacen el gran negocio ayudando a los apostadores, y los encontrarás en cualquiera de los extremos, bajo los tres pisos de arcadas revestidas de mármol que recuerdan la decoración del coliseo. Comparten el espacio bajo los arcos con pasteleros, asadores de carne y "las chicas de Flora", que trabajan en sus especialidades musicales para las fiestas de los ricos, pero después de manejar la trompeta, los crótalos, las castañuelas o la sambuca, vienen aquí, donde ganan más con otras especialidades. Si preguntas por una buena "felatrix" tendrás al instante a tu lado una chica que te jurará que es de Gades...aunque no haya pisado Hispania jamás. Si buscas otras cosas podrás encontrarlas igualmente porque es aquí donde está el templo de Flora y sus ahijadas prostitutas siembran la zona. Aunque no estemos en época de juegos florales, aprovechan cualquier día de carreras para ganarse la vida más fácilmente.
Muchos de los que hacen cola han pasado parte de la noche en tiendas instaladas en los cruces o en mitad de la calle. Al amanecer, cuando falta poco para el comienzo, llega a concentrarse una multitud que a menudo es peligrosa. En una avalancha incluso perdí dos senadores, aplastados y asfixiados.
Ya han situado a los caballos en las "Caerceres" desde donde arrancarán. Los mejores son de las remontas de Hispania, aunque también los hay magníficos en África, Italia y Grecia. Todos comenzaron a entrenar a los tres años y en dos más están listos para pasar esta prueba. Observa aquel animal que piaba con las plumas en la cabeza, las crines consteladas de perlas, el pecho moteado con amuletos brillantes y la cola realzada por el nudo apretado. Es Polidoxus con los colores de su cuadra. Y si corre Polidoxus...sí, aquel es Pompelanus, un hombre rico, dueño de las termas de Numidia. El caballo le ha hecho ganar algunas apuestas y es un fanático del animal. Ha grabado en el mármol de sus baños: Vincas, non vincas, te amamus, Polydoxe!". Recuerdo otros caballos, como "Tascus", que ganó en más de 380 carreras, o "Victor", cuyo nombre ya lo dice todo y que gano más de 400 veces.
¡!!!Qué "scorpus" está entre los aurigas!!!. Es el conductor de moda, y encontrarás su imagen con la nariz dorada en decenas de "tavernae". Sí, es aquel que mira orgulloso a los espectadores, en pie sobre el carro, con el casco puesto y el látigo en la mano. Ya tiene las vendas de paño enrolladas en las piernas y la túnica corta con el color de la factio. Ahora le atarán al cuerpo las cuatro riendas, una por caballo, y le darán el puñal que le ayudará a sobrevivir porque tiene que cortarlas tan rápido como pueda si vuelca el carro y es arrastrado por el tiro (...).
No es fácil el trabajo de esos conductores. Algunos aurigas son esclavos que corren también por su libertad, y ni el valor, la habilidad o la sangre fría impiden que puedan perder la vida o quedar inútiles en cada minuto de cada carrera. Como Tuscus que murió a los veinticuatro años tras lograr 56 victorias. O M. Aurelius Mollicius que con veinte años era una promesa que ya había anotado 125 victorias y no fueron los menos afortunados. Scorpus tiene motivos para la arrogancia porque es uno de los grandes, pero no alcanzará las 3.559 palmas de Pompeius Musculosus, ni posee la inteligencia del más grande de todos los aurigas, Diocles, que venció 3.000 veces en las carreras de bigas y 1.462 en las de cuadrigas o de tiro aún mayor, tras lo cual tomó la sabia decisión de retirarse de la arena con 35 millones de sestercios.
Londres me comparó en una ocasión a mis aurigas con los jinetes de Epsom a finales del siglo XIX. Wood murió a los veintinueve años siendo multimillonario; Archer consiguió en seis años de carreras 1.172 premios y 60.000 libras esterlinas. Pero, aunque sean semejantes a los aurigas por el número de triunfos y por sus resultados económicos, mis jinetes les superan en prestigio y en honores.
Ahora los "medici" de cada cuadra estarán examinando por última vez el estado de los caballos, y Los "ubilatores" también parecen listos para estimular con gritos de ánimo la agresividad de sus participantes. La sponsio está cerrada y habrá pocos que no hayan jugado. La mayoría es gente desocupada, no ha de extrañarte que las apuestas despierten tanta pasión. Los ricos han apostado una fortuna y los pobres la asignación de la "sportula" que reciben de los hombres ricos por estar entre su clientela. Tampoco te sorprendas si vemos más de un desmayo o actitudes violentas. Para eso están situados los guardias pretorianos. Nerón intentó quitarlos para que hubiera mayor sensación de libertad sin la amenaza implícita de su presencia, pero al año tuvo quedar marcha atrás por el comportamiento apasionado de la plebe.
Corren las cuatro cuadras principales. Los blancos de la "albata" y los rojos de la russata son los que tienen más tradición porque fueron los primeros, pero en estos momentos yo aconsejaría el azul ceruleo de la "veneta"que creó Augusto o el verde claro de la prasina que patrocinó Calígula. En los juegos anteriores sumaron más victorias los azules y fue un buen año para la navegación, tal vez hoy sean los verdes quienes triunfen y auguren buenas cosechas. Sean quienes sean los ganadores no faltarán los "auspices" que hacen interpretaciones de los hechos más nimios y descubren orígenes misteriosos con gran facilidad.
Todo ciudadano, esclavo o visitante pertenece a una de estas cuatro "factio", se es azul o verde como se es marinero o campesino, y no se cambia de color como no se cambia de vida y no hay asunto alguno que provoque más conversaciones y enfrentamientos. Es cierto que Caracalla condenó a muerte a los aurigas de los verdes, y no fue el único caso, pero mi fanatismo no llegó tan lejos como el de Constantinopla cuando ya el Imperio había escapado de mis manos.
Las mismas facciones que habían agitado este circo rugieron en el hipódromo y durante el reinado de Anastasio, la pasión popular se contagió de celo religioso. Con ocasión de un festival solemne las "factio" llenaron las gradas como era habitual. También lo era acudir con los cestos llenos de comida para pasar la jornada, pero esta vez los verdes escondían en su interior piedras y más cuchillos de los necesarios para pelar y cortar. Tres mil azules quedaron aquel día muertos en las gradas.
Suena la trompeta.
Todo el mundo calla. Los desafíos, los gritos de los vendedores de fritos y bebidas, las conversaciones... el edil ya tiene el pañuelo blanco en la mano. Nerón puso de moda agitarlo cuando era él quién daba la salida, pero esta vez saldrán cuando el pañuelo toque la arena.!Ahí van!
La spina central tiene 214 metros y estos primeros metros son claves para ocupar una buena posición, pero la clave de la carrera está en los giros. La pista mide en los extremos un poco más de 80 metros, y el que más se ciña al borde de la "spina" tendrá la ventaja para colocarse a la cabeza. El peligro les aguarda precisamente en cada uno de esos extremos, donde ves las dos grandes piedras redondeadas que llamamos metas.
Como al girar las metas quedan situadas a la izquierda de los carros, el éxito de la maniobra de la cuadriga dependerá de la agilidad y la fuerza de los dos caballos finales. Fíjate en que no van unidos al yugo como los del centro, sino que van sujetos por una cuerda o "funis", el de la izquierda al eje, y el de la derecha al lateral en marcha.
Ya giran. El blanco se acerca mucho a la meta el carro puede rozarla o estrellarse contra ella. El verde está abriendo mucho el giro, puede perder su ventaja o chocar con el azul que va casi a su altura. Lo puede volcar... por esta vez lo han logrado los cuatro. Ya quitan el primero de los "Septem Ova" de madera con los que se lleva la cuenta en la "seconda meta". En la "prima meta" de nuestra derecha en vez de quitar huevos, cuentan tirando del morro de aquellos siete delfines de bronce que puso Agripa. Cuando el último delfín levante su cola habrán cubierto las siete vueltas de la carrera que a 568 metros por vuelta, son casi 4 kilómetros recorridos. Ya ves que van a una velocidad frenética y los dos primeros ya están ante el palco imperial. "Scorpus" intenta una maniobra de "naufragio" para hacer volcar a su rival y exhibirse ante el emperador. !Lo ha tirado!. Ahora es cuando las vendas de las piernas evitarán que se despelleje si es que logra cortar a tiempo...si, cortó las riendas.
Si eres capaz de arrancar la mirada de la pista verás que algunos parecen más interesados por la persona que se sienta a su lado, que por los peligros de la carrera. De aquellos dos de la sexta fila, Ovidio se sentiría orgulloso porque parecen seguir al pie de la letra el "Ars Amandi", su guía para libertinos. Ovidio sabía de lo que hablaba cuando certificaba que este circo era un lugar idóneo para encontrar el amor. Con 30 años ya andaba por su tercera esposa y sus amantes, o de las que se decía o decían que lo eran o habían sido, casi podrían constituir una "factio". El puritano de Augusto se hartó del ejemplo que daba y lo exilió a Rumania donde murió, pero creo que fue una excusa para quitarlo de en medio porque ni Augusto podía pretender a esas alturas que se observaran los principios sobre el libertinaje con el fundamentalismo del viejo Catón.
Los encargados de las sparsiones y missi ya están preparándose colocando sus sacos llenos de golosinas para esparcirlas nada más concluya la carrera. Empiezan con esto pero más tarde lanzarán bolitas de madera o marfil donde puedes encontrarte con un barco, una casa o una granja. A Nerón le divertía ser él mismo quien lanzara algunas de las bolas numeradas sobre los que tenía cerca.
Bien, Scorpus ha ganado. Ha sido un claro (occupavit et vicit"porque ha mandado en la carrera desde el principio. Prefiero un "successit et vicit", cuando el ganador salta la victoria en los últimos metros después de haber sido el segundo toda la carrera. Naturalmente las gradas se vienen abajo de emoción ante los escasos "erupit et vicit" de los que alcanzan la palma contra todos los pronósticos.
Cuando todo acabe por hoy, al caer la tarde, muchos de los espectadores harán cuentas en las casas de apuestas, celebrarán las ganancias o mitigarán las pérdidas en las "tavernae" vecinas. La oscuridad se adueñará del circo al tiempo que las antorchas y las lámparas de aceite iluminarán las decenas de locales nocturnos próximos que acogen a los que prolongan la excitación del día en lupanares o baños. Fue en una noche, la del 19 de Julio del año 64 cuando en uno de esos locales saltó la chispa de la destrucción que convirtió mi valle en el infierno.
Después de dos días pensé que lo controlaban cuando renació por varios lugares y ya nada pudo detenerlo. Soldados, esclavos y siervos se aprovechaban del caos, compitiendo con ladrones y ajustes de cuentas." Ardí entonces durante una semana. Quedé absolutamente destruida en una cuarta parte. El gran circo se quemó en su totalidad El palacio de Augusto quedó completamente derruido. El templo de Júpiter, el santuario de Vesta con los dioses Penates tan queridos y antiguos, los monumentos más recientes, las obras griegas y orientales que desaparecieron no deseo recordarlas con detalle pero fue una catástrofe.
Aunque unos años atrás sufrí un incendio muy semejante y años después volvería a arder por los cuatro costados, este incendio del 64 es el más recordado, por Nerón. Todavía hoy no puedo juzgarlo y dudo que pueda llegar a hacerlo. Nerón abrió los jardines del palacio donde se había trasladado para refugiar a cientos de personas y su comportamiento fue honroso y adecuado según todos, incluidos los historiadores más antineronianos. Te digo esto, bárbaro, porque aunque los estudiosos a partir del siglo xx están recuperando su figura, se necesitarán muchos años para reducir la leyenda negra construida por Suetonio, Plinio, en parte Tácito y los cristianos antiguos.
El no provocó el incendio, eso creo después de escuchar a todos, pero se aprovechó de él para sus planes sobre mí.
Sobre Ben-Hur.
Disculpa Bárbaro, no te he hablado aún de Jack. Mi memoria ha dado un salto demasiado grande y a Jack solo le conocen los cinéfilos, aunque resulta fácil saber de quién se trata. La próxima vez que veas La diligencia de John Ford, fíjate en la secuencia de la persecución, en el indio que salta desde su caballo sin silla hasta el caballo principal de los seis que tiran del vehículo. Luego recibe un disparo, cae entre las varas, se agarra a la lanza central. Se arrastra entre los caballos al galope. Se suelta y coche y animales pasan sobre él. Se levanta de un salto, monta en un caballo sin jinete que pasa por su lado y continúa persiguiendo la diligencia.
Ese era Jack. Lo vi paseando por estas ruinas un día de 1957. Hacía meses que yo observaba, entre la indiferencia y la sorpresa, el retorno de la moda de los cabellos largos en mis ciudadanos. Desde Napoleón se había impuesto el cabello corto y no relacioné entonces la visita de aquel hombre con aquello.
Luego supe que Jack había sido un famoso campeón de rodeo y que Estaba considerado como el mejor especialista de Holywood, un atleta prudente y completo que al envejecer había cambiado el riesgo por la cámara y se había especializado en secuencias de acción. Su paseo por aquí era algo ritual porque pocos meses después tendría que rodar una carera de cuadrigas. William Wyler era el director pero él sería el responsable de la segunda unidad, la que rodaría la carrera. Compprendí entonces por qué durante un año más de mil obreros habían allanado una extensión similar a ocho campos de futbol en una cantera cercana. Aunque sería allí donde se reproduciría el ambiente del circo de Jerusalém, el norteamericano vino aquí porque deseaba dejarse impresionar por el perfil de los restos.
Para entonces Canutt ya llevaba meses trabajando. Había estado en Yugoslavia para seleccionar y comprar los 80 caballos que necesitaría. Había puesto cuidado especial en los cuatro blancos de Ben-Hur y los negros de Mesala. Luego los había entrenado, contratado a los que los CONDUCIRÍAN , SUPERVISADO LA PISTA PARA DETERMINAR LAS CANTIDADES ADECUADAS DE ARENA Y GRAVA PARA FINALMENTE DISEÑAR UN ARNÉS QUE permitiera conducir a los cuatro caballos con solo dos riendas. Reproducir LA TÉCNICA DE LOS AURIGAS le pareció DEMASIADO PELIGROSO. Cuando tuvo listas las 18 cuadrigas que se utilizarían en el rodaje y las 9 de los entrenamientos, se dispuso a recibir a Ben-hur. Chartlon Heston no podría recurrir esta vez a fingir que sabía pintar como había hecho encarnando a Miguel Ángel pocos años antes. Esta vez había planos donde era imprescindible que condujeras la cuadriga.
-. El tiro que utilice con más frecuencia era el más seguro, especialmente el caballo de la izquierda que tenía que ser el más fuerte. Las ruedas de una cuadriga no cambian de velocidad cuando el vehículo gira. Tienes que hacer que gire tirando de las riendas del caballo de la izquierda que corre en diagonal mientras azotas al de la derecha que ha de ser el más rápido...
Si, hemos hablado ya de eso. Heston comprobó que los caballos de una cuadriga no tenían más que tres velocidades, paso, trote y galope. Una vez lanzados lo único que se puede hacer es guiarlos porque no están programados para aflojar el paso al llegar a la curva, pero Canutt le aseguró que si no se caía del carro le haría ganar la carrera. Para los planos generales disponía de 4 americanos, un inglés y 3 italianos que, 1.500 años después de que desaparecieran de aquí las carreras, se habían convertido en aurigas.
Para las secuencias de acción Heston sería doblado por el hijo de Canutt, mientras Stephen boyd hacía lo que podía porque le habían dado el papel de Mesala muy tarde. Soportaba además el problema de la arena levantada por las ruedas que se le metía en las lentillasy, naturalmente, no podía ponerse gafas.
Como el público era tan importante como la propia carrera supe el porqué de tantos cabellos largos. Eran los requisitos de la productora para contratar extras y el primer día se presentaron 5.000 de mis ciudadanos en perfectas condiciones pilosas. En algunas secuencias se llegarían a usar 15.000 figurantes pero era imposible que todos se dejaran crecer el pelo y tampoco había pelucas para todos. Lo solucionaron comprando 180 kilos de pelo a decenas de campesinas lombardas que siempre han sido famosas por la calidad de sus cabellos.
A aquellos norteamericanos les irritaba la costumbre de mis gentes de llevar gafas de sol al rodaje, y también tuvieron que evitar que después de presentarse a primera hora pudieran desaparecer o pasarse varias veces por la entrada para reclamar varias pagas, pero finalmente todo estuvo listo.
Canutt tenía que rodar la carrera sabiendo que no contaría con ningún truco, ni maquetas, ni ninguna otra cosa salvo algunas transparencias para las gradas. En la pista todo tenía que ser cierto y luego el montaje haría lo demás. Contaba como Wilder le había dicho: Esta tiene que ser la mejor secuencia de acción jamás filmada. Tú la rodarás, yo la montaré.
Cuando se dio la primera vuelta de manivela, Jack llevaba ya dos años trabajando. Heston daba el tipo y parecía creíble, pero había una secuencia dificil y comprometida, era un salto por encima de los restos de una de las cuadrigas destruida durante el enfrentamiento entreBen-Hur y Messala. Joe Canutt, el hijo de Jack, llevaba semanas adiestrando a los caballos. Primero enseñó a cada uno, luego por parejas y finalmente los cuatro aprendieron juntos a saltar sobre los restos, sin asustarse. Yak no había dejado que su hijo practicase el salto subido en el carro, aunque era el más capacitado, porque le parecía demasiado arriesgado. Los caballos podían saltar pero el carro no y sabía que la única manera de solucionarlo era una rampa disimulada que haría saltar al carro pero que inevitablemente expulsaría al auriga por la sacudida. El día del rodaje Jack eligió una cadena de unos 30 centímetros y la aseguró en el suelo del carro. Luego explicó a Joe como atársela a la cintura, pero cuando su padre se fue Joe desenganchó la cadena de su cinturón. Quizá no quería estar encadenado a la cuadriga cuando esta volcara o quizá no le gustaba que le dijeran como tenía que hacer su trabajo, aunque lo hiciera el mejor especialista del mundo.
Nadie deseaba tener que repetir aquella toma y todo estaba planeado con detalle cuando se dio la orden de "Acción". Vi como Hesston y Canutt se ponían tensos mientras el chico se lanzaba hacia la rampa. Los caballos pasaron bien, el carro enfiló bien la rampa y saltó pasando a escasos centímetros del obstáculo. Pero el joven salió disparado por encima de la cuádriga. Durante una fracción de segundo todos pensaron que Joe era hombre muerto. El carro pesaba media tonelada y si caía sobre él lo partiría en dos o los filos de acero de las ruedas lo mutilarían para siempre.-. Joe pudo soltar las riendas y cogerse a la parte delantera del carro. Con gran habilidad se agarró a la barra detrás de los caballos que seguían corriendo y a continuación se tiró limpiamente del vehículo. Solo se hizo un pequeño corte en una ceja.
-.Yo estaba con Willie cuando vio las primeras copias...!dios mío! -exclamó atragantándose - ¡Tenemos que usar este plano!
Heston no se creía capaz de hacer planos corriendo tras los caballos para subir al carro, ASI QUE Al día siguiente le colocaron detrás de la barra y al pasar la cuadriga subió de un salto al carro QUE TENÍA parado ante él.
El día del estreno hubo muchos que salieron defraudados porque no se habían reconocido entre el público sentado en las gradas. Pero yo confirmé que se habían incluido aquellos planos y que El montaje había convertido aquel instante en uno de los más impresionantes. Jack SE FUE satisfecho porque aunque los tres meses sobre la pista, los dos años de preparación, entrenamiento y viajes habían quedado reducidos a poco más de 9 minutos, siguen siendo la mejor secuencia de acción de la historia del cine clásico.
Creo que aquellos dos son...si, Byron y Dickens. Van hacia la Via dei Cerchi, que está aquí cerca. Es donde trabaja mi verdugo más famoso, Mastro Titta. A los dos les gusta asistir a sus decapitaciones por la limpieza y pulcritud del trabajo. Es un hombre de una fuerza y seguridad admirables. Dickens lleva hasta unos prismáticos por si se reúne demasiada chusma. Voy a saludarlos. Puedes esperarme en...